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interview with Octavi Mestre (parte I).


AP- Es difícil condensar en una entrevista toda la actividad que has llevadoa cabo en estos 30 años: múltiples proyectos que han sido ampliamentereconocidos, premiados y publicadoscorresponsal de varias revistas y autorde numerosos artículos siendo en la actualidacodirector de la revista digitalt18; la enseñanza que siempre ha estado presente como profesor en diversas escuelas de  aquí  pero  también  de  fuera:  incluso  fuiste  uno de  los miembros fundadores de la Escola d´Arquitectura de la UIC, losviajes constantes y continuos, y todo ello sin olvidar disfrutar de lvida, los amigos y la familia. ¿Cómo lo haces? ¿Cómo es tu día a día? ¿De dóndesacas tiempo para hacer tantas cosas y hacerlas bien?

OM- Gracias por el cumplido pero lo de hacerlas bien, está por ver, porque el único enemigo de lo bueno es lo mejor… Al margen de que, lo de bien, es como el valor al soldado, que se le supone, pero luego te lo tienes que ganar, día a día. Para mí, lo importante es siempre saber distinguir las cosas realmente importantes de las urgentes, que son las que se nos comen energía sin dar fruto... ¿Qué de dónde saco el tiempo? Supongo que de quitarle horas de sueño (duermo poco), de eliminar los tiempos muertos, y, yo diría que motivado por un cierto sentido del deber y por la curiosidad. Diría que la curiosidad, las ganas de hacer y las de entender y explicarse el mundo son el mejor motor para entender ciertas dinámicas y trayectorias. ¿De qué, sino, iba a levantarme tan tempano y trabajar 14 horas diarias, incluso tantos fines de semana? A parte de que, si no paras nunca, te cansas menos, de verdad. Probadlo. Todo es mental

Después también es cierto que, cuántas más cosas haces, más sinergias se crean entre ellas... Cuento, como ejemplo, una anécdota: Llambí me hizo las lamas del cerramiento de mi casa de Tamariu. En un momento dado, a Christian Heintz de Llambí le hacía mucha ilusión editar un libro que recogiera los 60 años de existencia de la firma y, como no sabía cómo y con quien hacerlo, yo les dije que yo se lo maquetaría. No me quisieron cobrar las lamas de Tamariu, porque me dijo, me estaba muy agradecido de haber podido trabajar tantos años juntos y me dijo que lo que yo diseñé era un prototipo y que los prototipos, en el mundo de la industria, no se cobraban. Yo, con ese mismo criterio, cuando le maquetamos el libro en el despacho le dije: “Yo no he hecho un libro, sino una maqueta y las maquetas, en el mundo editorial, tampoco se cobran”. Entonces me dijo que me iba a invitar a cenar al mejor restaurante de Barcelona y le dije que no, que íbamos a parecer el marica viejo y el marica joven, que se lo cambiaba por un restaurante del montón, pero en la ciudad que yo quisiera, le propuse. Y así fue como nos fuimos 5 días a Riga. Resulta que allí me impresionó mucho una obra de una arquitecta, una tal “Zaiga Gale” que yo no conocía entonces y de la que hoy soy buen amigo y que había sido premio nacional de su país, el año anterior. Esa señora, posteriormente, me invitó a ser miembro del jurado internacional, el año siguiente, del Premio Nacional de Letonia. Ahora, tras haber estado el pasado mes de mayo 5 días, viendo todas las obras seleccionadas, muy posiblemente, montaremos un número de la revista t18 que codirijo…. A eso me refiero cuando hablo de sinergias…. Unas cosas llevan a las otras.

Es así como la práctica profesional se mezcla con las conferencias, con las clases, con los amigos, con la vida, y todo acaba fecundándose entre sí… y, muchas veces, cosas que parecían trabajo en balde, perdidas, no son perdidas, son cosas que tienes allá, ¿no?, en la recámara, en el disco duro, dormidas, esperando una ocasión propicia para manifestarse o llevarlas a cabo. Yo siempre, igual por venir de familia de pedagogos (mis padres eran ambos catedráticos de pedagogía), siempre he entendido que la arquitectura es un taburete de tres patas: la práctica profesional es importante, la docencia es importante para compartir lo poco que uno sabe, y luego, también, está el mundo de la edición y de la reflexión. Evidentemente si uno da clases y no reflexiona y no escribe, muchas veces se puede quedar corto y pasa lo mismo al revés, ¿cuánta gente está en las Escuelas de Arquitectura porque no construye y se va allí a explicar cosas que no son sus propias experiencias?... Creo que, desde este punto de vista, cuántas más cosas haces, más interaccionan entre ellas.

Además, hay un tema básico y es el hecho de que nosotros somos un estudio pequeño, somos apenas seis arquitectos que trabajamos juntos, desde hace ya muchos años y, la obra que todos ellos generan también es mía, como es suyo lo que yo hago, porque yo sin ellos no podría hacer lo que hago, o haría la mitad de cosas… En verdad, sin ellos, no podría hacer casi nada… Porque puedo escribir solo, puedo reflexionar solo pero, para construir las obras, a pesar de que el cliente quiera verme a mí, y tenga que ir yo… si no tienes detrás esa maquinaria que produce, detrás o, mejor dicho, al lado, sería imposible. La arquitectura es una disciplina coral. A veces digo: yo he construido ya unas 150 obras que suponen más de 280.000 m2 de obra, aunque nunca se puede medir la obra por los metros cuadrados, sino por la intensidad y la emoción que te produce cada una de ellas, pero no deja de ser un volumen importante de obra, en todo caso. Sí, es mucha obra, pienso, a veces… Pero hace ya 30 años que acabé la carrera y en el despacho con esa media de 6 personas, si divido lo construido entre 30 y el resultado lo reparto entre 6, lo que queda es una media de una obra por arquitecto y año que, tampoco es tanto. Cuando miro todo lo realizado, veo que podríamos haber hecho, seguramente, muchas más cosas, si hubiera sabido montar una estructura mayor pero, siempre me ha dado miedo crecer ya que, todavía hoy, con la estructura pequeñita, a veces, no sé qué decirles que hagan. Además, así llego a controlarlo todo, no sale nada del despacho que no haya iniciado, revisado, pensado y discutido, primero con mi gente y, luego, con los clientes. Es lo que en catalán llamamos, menjar poc i pair be…Pueden parecer que son muchas cosas pero, al final, sólo es una misma cosa, variaciones sobre un mismo tema.

 

AP-      A lo largo de los 30 años que tiene tu estudiOMA Octavio MestreArquitectos, la arquitecturasu enseñanza e incluso la manera de ejercer laprofesión ha ido evolucionandsustancialmenteParece que hemossuperado una etapa de arquitecturas icónicas que pretenan regenerarnuestras ciudades y ahora se debate entre la arquitectura introvertida la extrovertida ¿en qué momento creeque se encuentra la arquitectura?¿Cómo lo valoras? ¿Qué hemos ganado y qué hemos perdido?

OM-      Siempre explico a los alumnos una metáfora que oí un día, en una conferencia: hay dos tipos de escultores, el que esculpe la piedra, sustrayendo materia del bloque inicial, y el que trabaja el barro, añadiendo masa al torno; pues bien, los arquitectos somos como una mezcla de los dos, pues vamos del interior al exterior y del exterior al interior, de la pequeña a la gran escala y de la gran escala a la pequeña. Recuerdo los años en los que trabajé en el despacho de Enric Miralles y Carme Pinós y cómo el plano de situación, el emplazamiento, era un plano básico y, a veces, en ese plano salía, no ya sólo el solar, sino todo el recorrido desde que uno llegaba al lugar, que te permitía entender el pueblo, la ciudad, el castillo o lo que fuera. Quiero decir que nosotros, como arquitectos, en general trabajamos, simultáneamente, en las dos direcciones.

¿Que la práctica profesional ha cambiado mucho en los últimos años? Evidente; las nuevas tecnologías han hecho que prácticamente, ya nadie dibujemos, a mano. Sin ordenadores hoy y sin la cantidad de programas informáticos de los que disponemos, no seríamos capaces de responder a las necesidades de nuestros clientes. Yo, en una época, decía que, a veces, la informática sólo servía para hacer la misma mierda más rápidoy, a veces lo pienso aun de según qué arquitectos, porque parece que elcopy & paste les permite hacer de una manera muy rápida, obras sin ningún interés. Pero, sin embargo, hoy en día el ordenador es un instrumento, como lo es el lápiz que, bien utilizado, es importantísimo para trabajar.

Lo que también detecto es que, cada vez más, las normativas son más complejas. Y que todas superpuestas, con frecuencia, se contradicen. Cuando acabé la carrera, mis primeros proyectos apenas incluían una memoria poética de 2 páginas y 4 folios donde había un PEM y cuatro cosas más, y ahora son 400 o 500 páginas, en las que tienes que completar todo tipo de cuadros, tablas, anexos, demostración del cumplimento de unas normativas y demás justificaciones de aspectos que, con frecuencia, no entiendes ni que te preguntan, con lo que, difícilmente, vas a poder responder. Sin embargo, tú sabes cuando la buena arquitectura es buena y cuando la mala es mala, aunque cumpla todo... porque nuestra única obligación es educarnos, como decía Coderch, para saber detectar la mierda y huir de ella. Para los de una cierta generación estas cosas que se han inventado en algunos Ayuntamientos y en los Colegios de Arquitectos de los IIT, de los informes previos, que es como una licencia, pero no es una licencia que, en teoría, tiene como misión que luego te las dan más rápido, estas cosas, a la gente que no está en contacto con gente más joven, como yo, que los tengo integrados en mi despacho desde hace años, hacen que se queden fuera de mercado. Yo, solo, no sabría cómo responder a muchas de estas cosas. Y me parece una pena y una vergüenza que la gente que hoy deberíamos dedicar más tiempo a pensar arquitectura, tengamos que dedicar nuestro tiempo a colgarnos de unas páginas webs que, además, no siempre funcionan…

 

AP-      Y se cuelgan también ellas

OM-      Sí, se cuelgan, claro… Si no respondes lo suficientemente rápido a lo que preguntan… las páginas expiran (esa es la expresión que el ordenador utiliza). Al final, entiendo porque y para qué se hace y hay quienes creen que es para mejor pero, a veces ponemos el carro delante de los bueyes y eso me parece complicado, cuando no, lamentable.

Nosotros hemos construido, a lo largo de estos últimos años, en Francia, en Suiza, en Inglaterra… me he colegiado incluso fuera y, al final, en cada lugar, tienes que aplicar las normativas del país de turno y hacerlo, además, en el idioma que toca… y no hemos tenido mayores problemas, o sea que no es una cuestión de pereza mental, por nuestra parte.  Pero sí que es cierto que te das cuenta que la arquitectura, llega un momento en la vida, en el que, seguramente, a base de haber tenido la posibilidad de poder ejercerla desde muchos puntos de vista y trincheras y hacer bastantes obras, cada vez tienes más claro la importancia de cuanto te pida el lugar.

Yo siempre digo que, casi siempre, suele ser más importante escuchar al lugar que al cliente, aunque sólo sea porque el lugar no cambia y, en cambio, el cliente cambia de opinión, ya no digo porque se lo pueda vender a un tercero, que también, sino incluso porque él mismo cambia, y un día te pide una cosa y mañana te plantea su contraria y, cuando ya ha escogido una cosa, te dice “¿no hubiera sido mejor que hubiera sido plateado en vez de cromado o mate en vez de brillante o no sé qué?, y estas cosas realmente te dan que pensar: el Quijote lo explicaba muy bien cuando decía aquello de “Bacía, yelmo, halo, éste es el orden Sancho”. Creo que, por el contrario, el lugar nos sobrepasa porque nosotros nos moriremos y la obra, seguramente, nos sobrevivirá, para nuestra satisfacción o escarnio. Evidentemente, el cliente es contingente pero, a la vez, tenemos que tener claro que estamos a su servicio. Sin cliente no hay obra posible. Esa es la verdad, también.

Y, después, hay otro aspecto, por encima de todo esto, que es el hecho de que la obra, al final, será autónoma, como ocurre con tus propios hijos, tendrá vida propia y el señor que pase por la calle no te tendrá a su lado para explicársela, no tiene por qué saber las causas que te llevaron a tomar tal o cual decisión de proyecto… Al final, tú no vas explicando tu obra y el señor de a pie tiene todo el derecho a poderla juzgar y gozar, ya no digo, sufrirla que, a veces, nos pasa a todos.

Me dices arquitectura introvertida o extrovertida, y me es difícil reconocerme en esos términos, aunque creo entender cuanto quieres decir…Si, por el contrario, a lo que te refieres es a la arquitectura icónica, sí que es cierto que hoy está mal vista, como símbolo del despilfarro de las administraciones, en el que algunos arquitectos han colaborado de lleno. He de confesar, sin embargo, que me hubiera encantado que me hubiesen encargado un Guggenheim, lo digo así de claro, pero, la diferencia, es que a mí, si se me van las obras, a mí me capan si me desvió de presupuesto, no es aquello de que la obra puede costar lo que cueste, tengo claro que la tengo que controlar en tiempo y en dinero. Y, a partir de ahí, lo que sí es cierto, también, es que estamos viviendo un momento ecléctico, hoy en día, y un momento, incluso, de confusión filosófica (la confusión, en arquitectura, es sólo un reflejo más de lo que ocurre), como corresponde a una sociedad líquida que decía Zygmunt Bauman. Estamos en un momento en el que, evidentemente, cada cual se baña en las aguas que puede e intenta responder, según su propia sensibilidad.

Lo que sí que es cierto es que yo, a través de la revista t18 (www.t18magazine.com), estoy muy en contacto con gente de lo más diversa y en un montón de países. Y es así como me doy cuenta de que el relevo está más que garantizado: hay un talento extraordinario en todos los sitios y que, realmente, cuando nosotros no estemos, no nos van a echar en falta, lo digo así de claro, también.

 

AP-      Amante de la literatura, incansable viajero, con un profundo interéspor la comunicación de la que destacaría tus relatos y anécdotas queincluyen personalidades como José A. Coderch, Enric Miralles, Aldo vanEyck claves en tu formación profesional, pero también Le Corbusier, Mies,Barragán y otros ¿Cómo han influido los maestros en tu obra?

OM-      Yo creo que los maestros influyen en la obra de todos nosotros, como espejos en los que reflejarnos. Nosotros recibimos una educación en la que con frecuencia, los profesores de proyectos nos decían: “mírate la solución de Scarpa, mírate lo que ha hecho fulanito en no sé dónde, Le Corbusier, Mies, Gropius o quien tú quieras”... De todas, formas, hay gente con la que te sientes más identificada (con sus maneras de hacer, con todas las distancias que evidentemente hay, y que nadie me mal juzgue, que no pretendo compararme con nadie. Y sí, claro que es cierto que hay personajes que te han influido más de lo que lo han hecho sus obras y otros que te han influido más con sus actitudes (o al revés).

Por ejemplo, yo trabajé con Coderch durante dos años, al inicio de mis estudios, y, luego, trabajé con Enric Miralles otros dos años y pico de forma “discontinua”; una vez acabada la carrera. Y de lo que te das cuenta es que, por ejemplo, todas las personas a las que he conocido y admiro, solamente comparten entre si una cosa y es que trabajaban muchísimo, todos eran unos infatigables trabajadores. No se parecía en nada la manera de proyectar del uno y del otro, pero sí me atrevo a afirmar que los dos compartían un amor apasionado por su trabajo, por las cosas bien hechas y, al mismo tiempo, tenían una capacidad brutal de trabajo. Entonces, el talento, como decía aquél, a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Lo que sí que es cierto es que la capacidad de trabajo que se me presume (ahí sí he pensado: no quiero que me ganen) es un pálido reflejo de la de ellos: para mí siempre ha sido un estímulo ver que esta gente que lo hacía tan bien, lo hacía tan bien porque trabajaba mucho y poder trabajar mucho, yo también, como hacían ellos, se convirtió en obligación.

Luego, a partir de allí, uno ha tenido una cierta habilidad de estar en según qué sitios y en según qué momentos. Sólo así me explico que, trabajando con el primo de Koolhaas en Holanda, Teun Koolhaas, tomara café con la señora Schröder en la casa que Rietveld le hizo: Eso, cuando lo cuento, hace que me vea muy mayor. Yo he tenido de profesor a Ralph Erskine y he tenido de profesores a Peter y Alison Smithson en Siena y, después, aquí, en Barcelona. Yo he estado tomando café con el hijo de Konstantin Melnikov en la casa del Arbat, en Moscú, he pasado una tarde fantástica en el barrio de La Candelaria de Bogotá, con Simón Vélez (a raíz del curso que di en Colombia me quedé, después, con varios amigos, dando vueltas por el país y le hice una entrevista para la revista). He estado tres días en la casa los Eames, en Palisades en Los Angeles. He estado con un montón de gente que han sido y son importantes. Tuve una visita privada a la fábrica Van Nelle de Brinkman & van der Vlugt en Rotterdam… y me he colado en la Casa del Facio de Terragni, en Como, ya siendo comisaría de policía. Todas estas cosas acaban, seguramente, pasándote porque estás allí y, al volver la vista atrás. Solo deduces que te estás haciendo mayor.

Y así aprovecho un viaje para ir a dar clases a México, para hacer un reportaje de las obras de Barragán. Pero no podías, en teoría, hacer fotos de sus obras porque Vitra tiene comprados los derechos urbi et orbe de su obra. Pero yo me hago amigo de Mia Egestrom que es la dueña de las Cuadra San Cristóbal y le digo: ¿verdad que me vas a dejar hacer fotos? Pues ándele, para eso es mi casa! haga usted lo que quiera. Y lo mismo en la Casa Gálvez o en la Gilardi…hasta hacerme con una documentación fantástica que nadie tiene. Hay un momento en que te planteas ¿por qué estas cosas te pasan todas a ti?, Y la respuesta es simple: porque estás en todos lados y porque aprovechas siempre cada cosa para hacer otras cosas.

Evidentemente, los maestros me han influido mucho, mucho, pero los que no son maestros también me han influido mucho. Yo, en ese sentido, te puedo decir, con toda humildad, que, muchas veces, he aprendido tanto de los albañiles en las obras como de las lecciones magistrales de otros, he aprendido mucho de mucha gente porque, para aprender, lo único que uno tiene que tener es ganas de aprender: aprender de todo. Una vez leí que los hombres teníamos una boca y dos orejas porque tenemos que oír el doble de lo que hablamos, y me pareció fantástico porque dije: es verdad. Uno va por la vida con los ojos abiertos. El Manifiesto tan bonito de Coderch, cuando empieza con aquello: “Abre bien los ojos, mira, es mucho más sencillo de lo que imaginas” un viejo arquitecto le dice a un joven discípulo….si eres capaz de ver en la tradición viva que sigue entre nosotros. Yo creo que de todo el mundo puedes aprender muchas cosas, de algunos mucho más que de otros, claro. Luego a partir de ahí, la gente busca sus propias referencias.

Quisiera aquí hacer una acotación lingüística: uno es un maestro porque ejerce magisterio y magister, en latín, es el que se dedica a las cosas mayores, a las importantes; Es muy curioso cómo, hoy en día, un ministro es más que un maestro, eso parece, pero, etimológicamente un ministro es el que se ocupa de lo “mini”, de la intendencia, de gestionar el día a día, y por tanto, el magister se ocupaba de las cosas importantes y, la cosa importante no era estar en el gobierno (allí, en muchos casos, sólo se va a mangonear), sino que era la educación de la juventud.

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